Inicio / Cuánto cuesta
Precio y cotización
Cada cirugía se cotiza sobre el cuerpo que se va a operar, y quien le dé una cifra por teléfono sin haberla explorado le está adivinando. Lo que sí se puede publicar —y aquí está completo— es qué mueve el número, qué incluye siempre una cotización nuestra, qué se cotiza aparte y cómo comparar la nuestra contra la de cualquier otra clínica.
Cómo se calcula su cifra
Una cirugía no es un producto de catálogo: es tiempo de quirófano, un equipo humano y un material, aplicados a un cuerpo concreto. Dos personas que piden “lipo de abdomen” pueden necesitar cosas muy distintas.
Una sola región, poco tiempo de quirófano, sin implante y con una noche de observación. Es el extremo bajo de cualquier cotización.
Más tiempo de anestesia, más material, más prendas de compresión y una recuperación más vigilada. Sube el número, pero baja el costo por zona y es una sola recuperación.
Aquí entra la marca del implante y su garantía, o el tiempo extra que exige resecar y cerrar piel. Son variables que no dependen de la clínica, sino de lo que su cuerpo necesita.
Antes de seguir hablando de dinero hay algo que se tiene que decir. Un cuerpo no es una lista de partidas ni una suma de zonas. Es el único que usted va a tener, y llegó hasta aquí cargando todo lo que usted ya vivió.
Aquí se le trata como lo que es: un templo del que no hay repuesto. Y a un templo no se le pone precio desde una tabla, sin haberlo visto y sin haber escuchado a quien vive dentro.
Por eso su cifra llega al final, y llega tarde a propósito. Primero va la hora completa con el Dr. Leal: la exploración, su historia clínica, qué le molesta cuando se ve al espejo y qué es razonable esperar. El número que sale después de esa hora se sostiene por escrito hasta el día de la cirugía. Cualquier cifra que le den antes de eso —aquí o donde sea— es una suposición con signo de pesos.
El corazón del asunto
Si entiende estos seis puntos, deja de comparar cifras sueltas y empieza a comparar lo que de verdad está comprando. Sirven aquí y sirven en cualquier otra clínica a la que vaya.
Es la variable que más mueve el total, por encima de todas las demás juntas. Cada zona añade tiempo de quirófano, material y superficie que vigilar durante la recuperación. Tratar tres zonas cuesta más que tratar una, pero cuesta bastante menos que tres cirugías separadas y le ahorra dos recuperaciones enteras. Por eso la primera conversación de la valoración no es sobre dinero: es sobre qué zonas tiene sentido tocar y cuáles conviene dejar en paz.
Un quirófano acreditado tiene monitoreo, manejo de vía aérea, esterilización y protocolo para una urgencia; un consultorio adaptado cuesta una fracción, y esa diferencia se paga el día que algo no sale como estaba previsto. Encima, el quirófano se cobra por hora junto con el personal que está dentro: dos horas y cinco horas no pueden costar lo mismo. Pregunte las dos cosas juntas —dónde se opera, con qué acreditación, y cuántas horas está calculando el cirujano.
Un médico anestesiólogo titulado la duerme, la vigila de principio a fin y la despierta. No es un ayudante ni un extra opcional: es una partida propia de la cotización. Y en varios procedimientos la vigilancia sigue después, con una o más noches de personal midiendo signos, dolor y drenajes; cada noche tiene costo. Una cotización que no dice quién da la anestesia ni cuántas noches incluye, todavía no está completa.
Cuando el procedimiento lleva implante, la marca y la garantía del fabricante cambian el precio de forma directa. Es un costo que la clínica no fija. Usted tiene derecho a saber qué marca le van a colocar y qué respalda esa marca, por escrito.
La faja no es un accesorio: forma parte del resultado y se usa durante semanas. Muchas veces se necesita más de una, porque el cuerpo cambia de volumen conforme baja la inflamación. Pregunte siempre si vienen incluidas y cuántas.
Antes: estudios de laboratorio y, cuando aplica, valoración cardiológica — lo que decide si usted puede pasar al quirófano con seguridad. Después: cuántas consultas de control entran, quién retira los puntos y hasta cuándo tiene acceso al cirujano. El resultado se construye en esos meses, no en las horas de quirófano, y aunque no se vea en la cifra grande, es parte de lo que está pagando.
La letra completa, en grande
Las dos listas son las mismas para cualquier procedimiento quirúrgico de la clínica, y las dos valen lo mismo. La de la izquierda dice qué recibe. La de la derecha dice qué no va a pasarle aquí, y esa es la que casi nadie escribe.
La última de esas líneas es la más importante de la página, y aplica también fuera de aquí: la cotización que vale es la que está por escrito. Pida siempre el documento, con fecha y vigencia — y pídalo en cualquier consultorio al que entre, este incluido.
Su acceso
Una tabla pública le daría un número que no es el suyo. En su lugar hay un camino de cuatro pasos que termina en su cifra, calculada sobre su cuerpo y entregada por escrito. Los tres primeros los hace desde su teléfono en unos minutos. El cuarto es la hora con el doctor.
Su nombre, su teléfono y qué le gustaría cambiar. Nada más: no pide correo ni contraseña, y toma menos de un minuto.
La cámara traza una malla de luz sobre su rostro para encuadrar la conversación. Se enciende sólo si usted la enciende, y la imagen no sale de su teléfono.
Cinco preguntas cortas —para cuándo lo tiene pensado, cómo va de presupuesto, desde dónde escribe— ordenan su caso y su prioridad de agenda. No es un diagnóstico ni una opinión sobre su cuerpo.
En la valoración se explora la zona, se revisa su historia clínica y sale la cotización por escrito: qué incluye, qué se cotiza aparte y hasta cuándo tiene vigencia.
La lectura facial es opcional: el registro se completa igual sin encender la cámara. Nada de lo que capture se sube a ningún servidor ni se guarda en este navegador.
¿Prefiere saltarse los tres primeros pasos? Se puede: agende la valoración directo y la cifra sale igual, por escrito, al terminar la consulta.
Para comparar de verdad
Dos cotizaciones con cifras parecidas pueden ser cosas completamente distintas. Lleve estas ocho preguntas a cada consulta —a la nuestra también— y compare las respuestas, no los números. Si en algún lugar le incomoda contestarlas, ya tiene su respuesta.
No es obvio. En algunos lugares quien da la consulta no es quien opera. Pida el nombre del cirujano y su número de cédula de especialidad, y verifíquelo en el registro público de profesiones.
Quirófano acreditado o consultorio adaptado. Pregunte con qué equipo cuentan para una urgencia y a qué hospital trasladarían si hiciera falta.
Debe ser un médico especialista, presente de principio a fin. Pregunte su nombre. Si la respuesta es vaga o el cirujano dice que él mismo la maneja, deténgase ahí.
Le dice si el cirujano ya pensó su caso o le está dando un precio de tabulador. Además, un tiempo quirúrgico muy largo tiene riesgos propios que deben discutirse.
Quién la atiende, dónde, y qué parte corre por cuenta de la clínica y qué parte por la suya. Esta conversación se tiene antes de firmar, nunca después.
El resultado se define en los meses siguientes. Una cotización barata que lo deja solo al día siguiente no era barata.
La pregunta que casi nadie hace y la que más dinero ahorra. Pídala respondida en el mismo documento de la cotización, no de palabra.
La más reveladora de las ocho. Un cirujano que nunca contempla decir que no, no está valorando: está vendiendo. Escuche con atención esa respuesta.
Cuando el número es demasiado bueno
Una cirugía tiene costos que no se pueden bajar sin quitar algo. Cuando una cotización está muy por debajo de todas las demás, lo honesto es preguntarse qué se quitó. Casi siempre es una de estas cuatro cosas, y las cuatro son de seguridad.
Sustituirlo por alguien sin la especialidad abarata mucho una cirugía. También es el recorte más peligroso que existe: la mayor parte de las urgencias graves en cirugía estética ocurren en el manejo de la anestesia.
Operar en un consultorio adaptado cuesta una fracción de lo que cuesta un quirófano acreditado, con monitoreo, esterilización y protocolo de urgencias.
Material desechable reutilizado, implantes sin trazabilidad ni garantía del fabricante, o prendas de compresión que no se incluyen y aparecen después como un gasto extra.
Es lo más fácil de recortar porque no se nota al firmar: se nota tres semanas después, cuando necesita que alguien le revise una zona y le cobran cada visita.
Cómo se paga
Las formas de pago vigentes, el anticipo con el que se aparta la fecha de quirófano y si en ese momento hay esquemas a meses con su banco se confirman al entregarle la cotización. No los publicamos porque cambian y preferimos no anunciar algo que quizá no esté disponible el día que usted venga.
Lo que sí tiene precio publicado
Todo lo que se usa antes y después de un procedimiento —fajas, prendas de compresión, dermocosmética de grado médico y protocolos despigmentantes— tiene su precio publicado, producto por producto, sin tener que preguntar. El catálogo va aproximadamente de $400 a $23,000 MXN según el producto.
Rango publicado del catálogo
$400 – $23,000 pesos mexicanos, según productoAntes de cotizar
La cotización rinde cuando ya sabe qué procedimiento le toca. Si todavía está eligiendo ruta, empiece por aquí.
Toque la parte del cuerpo que le preocupa y vea las rutas posibles para ella, con quirófano y sin quirófano.
Seis tecnologías que hacen cosas distintas. Diga con sus palabras qué le molesta y el consultor le dice qué se suele indicar.
Dinero, el día de la cirugía, recuperación, riesgos y paciente de fuera. Respondidas sin rodeos.
Preguntas sobre el precio
Su cotización escrita detalla estas partidas una por una, con el importe de cada una y su vigencia. Nada de lo que aparece aquí se cobra sin estar antes en ese documento.
El precio real de su caso sale por escrito al terminar la valoración, con todo lo que incluye, lo que se cotiza aparte y su vigencia: es el número que se sostiene hasta el día de la cirugía.
Da el paso
Traiga las ocho preguntas. Se contestan todas, incluida la última.